
18 de Junio de 2008
Cáritas en Tailandia e India: Trabajo, ahorro… y prevención tras el tsunami.
Cáritas. 18 de junio de 2008.- El tsunami provocado por el terremoto del Océano Indico el 26 de diciembre de 2004, y que devastó las costas de países asiáticos como Indonesia, Tailandia, India y Sri Lanka, mató en pocas horas a unas 300.000 personas. En Tailandia, donde oficialmente hubo 5.000 muertos, las olas asesinas barrieron complejos turísticos y entraron hasta dos kilómetros en tierra firme arrasando aldeas, carreteras y escuelas a su paso. Los miles de afectados se quedaron sin medios de vida.
Tres años y medio después, recorriendo las localidades costeras en las zonas de Phuket y Takuapa, ya no se ven signos de destrucción. La comunidad internacional reaccionó con rapidez ante la emergencia y el gobierno tailandés se apresuró a reconstruir las infraestructuras destruidas. Donde antes no había más que lodo y escombros ahora se levantan hoteles y casas nuevas. Sólo los abundantes carteles que señalan las rutas de evacuación hacia terrenos elevados en caso de un nuevo maremoto son señales que recuerdan al visitante que aquí hubo una tragedia hace no mucho tiempo.
Los expertos creen que un maremoto como el de 2004 podría no repetirse en esta zona hasta dentro de cien o doscientos años.
Más vale prevenir que curar
Pero no hay que olvidar que en el siglo XX tuvieron lugar 25 tsunami en varias partes del mundo. En el pueblo de pescadores de Tungla Ong, como en muchos otros, la gente parece pensar que más vale prevenir que curar. Cada pocos meses organizan sesiones informativas sobre cómo reaccionar en muy poco tiempo en caso de que una nueva ola gigante aparezca de forma inesperada.
Hace unos días nos presentamos allí, acompañados del padre Suwat, director de la Cáritas de la diócesis de Surathami, y nos reciben las 30 personas que acuden al taller de prevención de catástrofes. Unos monitores muestran mapas detallados que muestran por dónde evacuar con rapidez y ponerse a salvo.
Uno de los participantes, el señor Sanu Lom, de 34 años, recuerda que durante aquel desastre murieron cuatro personas de Tungla Ong. A él, la ola de más de 50 personas le destruyó su casa y la barca con la que pescaba. Ahora tiene otro trabajo en una plantación de caucho. Dice que está más tranquilo porque sabe perfectamente qué tiene que hacer si hubiera otra emergencia.
El padre Suwat explica que hace tres meses que Cáritas Tailandia, con apoyo de Cáritas Española, empezó a impartir estos cursillos, que incluyen simulacros de evacuación. Los han organizado en cinco localidades costeras y en todas ellas la gente participa con un enorme interés.
Pero no todo es saber cómo reaccionar ante una catástrofe natural que puede durar pocas horas. Una vida sin medios para salir adelante puede ser un desastre mayor, y también hay que saber cómo prevenirlo. En el mismo pueblo de Tungla Ong funciona uno de los 14 grupos de ahorro que Cáritas ha organizado en la región. Se reúnen una vez al mes.
Programa de crédito y ahorro
Una vez terminado el simulacro, encontramos a 69 personas que ponen en orden sus cuadernos donde llevan al día las cuentas. Cada miembro tiene que ahorrar al mes 100 bahts (unos 20 céntimos de euro). Gracias a este ahorro, y a microcréditos gestionados por un comité (al 1% de interés), muchas personas que perdieron todo durante el maremoto han sido capaces de poner en marcha tiendas, huertos familiares y negocios de pesca. “Un banco no aceptaría darnos un crédito a personas como nosotros que no tenemos propiedades como aval”, explica el señor Sanu Lom.
Casi la mitad de los 60 miembros de este grupo de ahorro son mujeres. Suelen ser más regulares que los hombres en la asistencia a estas reuniones. “En nuestra tradición tai la mujer es quien guarda el dinero en casa y lo administra”, señala el padre Suwat.
Varios kilómetros más al interior visitamos a una de estas familias que se han beneficiado de este programa de crédito y ahorro. La señora Lamyai, de 67 años, y su marido el señor Sewal, de 50, viven a orilla de un camino de tierra en mitad de un frondoso bosque. Es fácil ver que en esta aldea la gente sabe cómo salir adelante. Uno de sus vecinos tiene un hermoso vivero donde vende plantas y arbolitos listos para transplantar. Mientras paramos en su casa, un muchacho pasa con un carrito de helados tirado por una pequeña moto que avanza despacio al ritmo de “La Raspa” y que atrae a la chiquillería del poblado.
En la tienda de Lamyai y Sewal se vende aceite, galletas, ropa, pilas, jabón y mucho más género. La abrieron hace dos años gracias a un préstamo de 10.000 bahts que les concedió su grupo apoyado por Cáritas. Ya han pagado casi la mitad. Se les ve satisfechos y orgullosos de poder ganarse la vida.
Viviendas y barcas de pesca en India
Dos mil kilómetros más al Oeste, en la costa del Estado indio de Tamil Nadu, donde el tsunami acabó con la vida de 9.000 personas, Cáritas India –con apoyo de varias Cáritas, entre ellas la española- ha construido en los dos últimos años 950 casas en localidades costeras. Se calcula que unos 140.000 pescadores perdieron sus medios de vida.
Ayudar a que la gente tenga un techo no es suficiente. Además hay que hacer lo posible para que recuperen los medios de vida perdidos. En el pueblo costero de Muttom Boat, visitamos unos astilleros puestos en marcha por la diócesis de Kottar en 1990. Allí hacen embarcaciones para ayudar a familias de pescadores. Cuando lo visitamos encontramos a 20 trabajadores que trabajan a ritmo de martillazo y gubia ultimando tres hermosas barcas de 10 metros de eslora.
Su gerente, el señor Raj, explica que después del tsunami han disminuido los bancos de pesca, como si los atunes, sardinas y calamares aún no se hubieran recuperado del susto y se hubieran marchado más lejos. Ante esta nueva situación, los pescadores tienen que ir más millas mar adentro y pasar tres o cuatro noches en alta mar. Para ello necesitan embarcaciones más adecuadas, con suficiente estabilidad, y que tengan condiciones para desembarcar en caladero y en arena de playa.
Cada embarcación cuesta 100.000 rupias (unos 2.500 euros) y la suelen comprar, a plazos, grupitos de dos o tres pescadores. Con una cultura del ahorro y los créditos muy arraigada en la India, son ya muchos los que se han beneficiado de este programa de Cáritas India en los últimos años.
A veces las desgracias vienen de forma inesperada, como una ola gigante que se lo traga todo, mata y destruye en pocos minutos. Pero más allá de la tragedia hay que recuperarse y seguir adelante. Los afectados por el tsunami han recibido la ayuda de muchos buenos samaritanos. Gracias a ellos, Cáritas India ha podido hacer viviendas nuevas, centros de formación profesional, proporcionar barcas y redes, ayudar a promover el ahorro y la puesta en marcha de nuevos negocios, y prevenir el desastre.
Enlaces de Interés


