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Cuidarse, participar, escucharse, adaptarse y pensamiento positivo, propuestas de las Jornadas de Mayores

Bajo el lema, “Cuidándote, cuidándonos”, tuvieron lugar con gran acogida en la Diócesis las terceras jornadas dedicadas a los grupos que trabajamos con personas mayores. Dos ponencias y una eucaristía fueron las actividades que han servido de reclamo para este espacio diseñado para compartir conocimiento y momentos.

El primer día, el 31 de enero, el médico geriatra Iñaki Artaza, se dirigió a las 120 personas asistentes, para abordar el proceso de envejecimiento desde el concepto de fragilidad. Artaza explicó que se trata de un síndrome que consiste en pérdida de peso no voluntaria, sensación de agotamiento sin haber hecho esfuerzo y dificultad en la marcha. Junto a la descripción, la manera de contrarrestar la fragilidad: hacer ejercicio, andar a ritmo de marcha y llevar una alimentación adecuada y rica en proteínas: “Es importante combatir esta fragilidad para no caer en un círculo vicioso que podría llevar a la discapacidad, a la dependencia y, por tanto, a la vulnerabilidad”

Iñaki Artaza incidió también en las pautas para un envejecimiento activo, ya conocidas por las personas que desarrollan voluntariado social con personas mayores: “Para un envejecimiento adecuado son muy importantes la participación social y el compromiso en actividades altruistas; es bueno para la salud y mejora la calidad de vida”. Esta última idea encaja perfectamente con el lema de la campaña institucional de Cáritas. Si afirmamos que “Tu compromiso mejora el mundo”, ahora también podemos decir que tu compromiso mejora tu salud.

Actitud y ganas de hacer

La segunda de las jornadas contó con la participación de la psicóloga Elvira Ruiz de Apodaka. En esta ocasión, la charla giró en torno a la promoción y protección ante el envejecimiento; una etapa de la vida que plantea la necesidad de adaptarse a la nueva situación y en la que hay que evitar caer en la añoranza de lo que antes se era o se tenía y se ha perdido. Es preciso ser conscientes de que la esencia de una persona es la misma a lo largo de toda su vida y que de la capacidad de adaptarse a la propia vejez depende la felicidad. La identidad aporta seguridad y hay que protegerla a pesar del envejecimiento. “Para ello, son fundamentales la actitud y las ganas de hacer, porque son las que permiten cambiar nuestra manera de pensar a lo largo de nuestra vida”. Y añadía: “Es importante evitar los hábitos negativos durante todo el día, ya que eso nos desanima y nos quita las ganas de hacer cosas. Para cambiar el sentido negativo de los pensamientos es necesario crear hábitos nuevos, utilizando todos los sentidos para dirigir el pensamiento: retener el olor de una tostada, saboreando el desayuno, reparando en el color de la mermelada o el aroma que desprende la fruta…”.

También quiso hacer hincapié en la escucha interna como herramienta para parar y conocerse mejor: “Es importante conocernos para querernos. Debemos escucharnos sin juicios, aunque sin dejar de observar aquello que no nos gusta para poder cambiarlo”. En relación con la promoción, la psicóloga invitada a las jornadas puso en valor el grupo como ámbito para compartir las cosas y, desde la confianza, recibir buenas respuestas por parte de los demás.

Para concluir, una afirmación: la salud tiene que ver con la capacidad de cambio. Adaptarse no es un castigo sino un reto, algo positivo. Se trata de acoplar cambios sencillos, pequeños. También de trabajar la memoria y la atención. Muchas cosas pasan porque no prestamos atención; estar atentos nos protege y da seguridad. “El cambio que se propone es desde dentro, tomando la decisión de qué cosas físicas, mentales… quiero cambiar”. “La actitud de agradecimiento es la que más facilita los cambios, porque a nivel psicológico ponemos la atención en los que tenemos y no en lo que no tenemos”.

Oración, trabajo y descanso

Como colofón a estas terceras jornadas diocesanas para personas mayores, tuvo lugar una entrañable eucaristía presidida por el obispo D. Juan Carlos Elizalde, quien con un tono alegre puso en valor el importante papel que desempeñan las personas mayores en la diócesis: “Se nos mostró como vivir bien una vida cristiana: con oración, trabajo y descanso”.

En relación con la oración. monseñor Elizalde destacó que: “las personas mayores tenéis mucha ventaja porque lleváis muchos años de experiencia de Dios, de amistad. Como decía el papa emérito Benedicto XVI, que él con Jesús tenía una amistad de muchos años. Y las amistades que han durado muchos años son las mejores”. El obispo puso en valor la fuerza que tienen las personas mayores en la trasmisión de la fe, porque “tenéis más tiempo para la intimidad y os enteráis mejor de las cosas, de la vida; el poso de la edad os hace poder vivir con más serenidad, presentaros ante el Señor con más paz. Sin la fe no nos enteramos de las cosas importantes”.

Sobre el trabajo como pilar para una vida cristiana, D. Juan Carlos añadió que “cuando trabajamos y somos voluntarias, Dios no trabaja. Salir de nosotros mismos es una bendición”.

Finalmente, sobre el descanso: “Ofrece tiempo para hacer lo que no se ha podido en otras etapas de la vida. ¡Qué bonito culminar la vida en la mejor inversión, la propia vida! VIDA con mayúsculas, vida/tiempo para estar con los que amamos y estar donde tenemos que estar.


III Jornadas Diocesanas de Mayores
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