Testimonio. Programa de Conversación Estructurada y Tertulia

Charlando frente a un café

La mirada.

Evitando caer en un protagonismo que no me corresponde, ya que en Caritas los protagonistas son todas las personas que confían y se acercan a nuestros despachos, me permito contar mi experiencia de este curso 24-25 y cómo un grupo de chicos ha transformado algo en mí, y también en los demás voluntarios y voluntarias que les han conocido. ¿Quizá la mirada? ¿Quizá ahora vemos su problemática con otros ojos y sin caer en prejuicios?

Los inicios en Cáritas.

Empezaré por el principio. Llevaba unos pocos años de voluntariado en Cáritas, en el Programa de Conversación Estructurada y Tertulia de la zona Oeste, y todo iba bien. Atendía tanto a nivel individual como grupal y. aunque eran personas vulnerables con sus problemas cotidianos, no había situaciones especialmente dramáticas. El día a día se desarrollaba con un poco de gramática, mucha más conversación, alguna confidencia, algún requerimiento de ayuda para solucionar algún problema puntual y, gracias a la trabajadora social que me asesoraba, pude hacer acompañamientos e implicarme en algo más que en las clases.

Conocer a las personas, ponerles cara.

De repente, hacia finales de noviembre del 2024, se impuso una nueva realidad en la zona donde estamos ubicados. Una realidad que no me era ajena, todos hemos oído hablar de ella y todos la (des)conocemos, pero a esa realidad no le ponía nombres ni caras. ¡Cómo cambia todo en ese momento, cuando realmente conocemos y ponemos caras! ¡Qué importante es la mirada, la nuestra y la de ellos, y que se crucen en un momento!

Dos chicos, S. y O., que vivían en situación de calle llegaron al despacho de Cáritas y la trabajadora social los derivó al Programa de Conversación. Estos dos chicos pasaban las noches a escasos cien metros de la parroquia; y no es que estuvieran allí por gusto, todo lo contrario.

Llevaban varios meses en nuestra ciudad y aunque ya tenían algo, muy poco en realidad, el problema de la vivienda estaba sin resolver: CMAS (albergue municipal) completo y con una larga lista de espera, falta de dinero para alquilar una habitación;  sin habitación alquilada con derecho a padrón no se puede acceder a ayudas municipales de vivienda. Y todo esto en vísperas de invierno, con fuertes descensos de temperatura por las noches.

Adaptar las respuestas a las nuevas necesidades.

Como responsable zonal del Programa de Conversación, sentí la necesidad de que, en lo que pudiéramos, algo había que cambiar. Adaptar el Programa y flexibilizarlo, priorizar la acogida y el acompañamiento en casos como este; ofrecerles clases los cinco días de la semana y dejar la tarde de los viernes como un espacio de encuentro más lúdico, por eso de acabar bien la semana. Y aquí tengo que agradecer la disposición y la implicación del voluntario que acogió en su grupo a estos dos primeros chicos, de nivel muy diferente, y luego a otro más.

Los nuevos viernes.

Café-tertulia. Así llamamos a esta hora y media de encuentro que hacemos desde mediados de diciembre. En estas tardes del viernes, tan importante es conversar como estar reunidos alrededor de una mesa tomando un café caliente con unas galletas.

Empezamos cuatro chicos y yo, y después de Navidades llegaron más; con cuentagotas, pero de una manera continua: dos más, luego uno, después tres…; unos en situación de calle (tenemos el Padrón Social en nuestra zona), otros viviendo en lonjas, algunos en el albergue y un par de ellos en habitaciones alquiladas. Acabamos siendo un grupo numeroso.

Quiénes son estos chicos.

El perfil de las personas participantes no se ha buscado siguiendo un modelo determinado, ha surgido espontáneamente según iban llegando y se animaban a participar en esta tertulia. Actualmente nos reunimos entre siete y once (la asistencia es libre, no como las clases, donde la asistencia es obligatoria); todos ellos chicos del Magreb (Marruecos, Argelia y Túnez) de entre 25 y 40 años y con diferentes niveles de castellano. Los que mejor entienden nuestro idioma y se expresan traducen las conversaciones a sus compañeros de nivel más bajo, y todos participamos de todo.

Charlar sobre la vida.

La pregunta es, teniendo niveles desiguales ¿de qué hablamos? Para empezar, diré que de gramática nada de nada. Nuestras charlas giran alrededor de los problemas que se encuentran en Vitoria; de la vivienda, de los cursos de formación, del trabajo y los talleres de Cáritas; del Ramadán y la Cuaresma, de comidas, de sus países y sus costumbres, de lo que han dejado allí (familia, hijos…) y de lo que esperan encontrar aquí. Y de nuestras costumbres y de nuestras fiestas. Y de que, en Vitoria, también hay problemas para los españoles. Empatía, respeto, libertad para que se expresen, aprendizaje mutuo, agradecimiento mutuo.

Compartir la vida con un café

Compartimos risas, intentando que esta hora y media sea una especie de burbuja de paz y bien en su caminar. Y también tristezas, problemas… En una palabra: compartimos VIDA, trozos de nuestras vidas; es una alegría ver cómo entre ellos se van creando lazos de amistad y de ayuda.

Preguntas y respuestas.

Sigo haciéndome preguntas. Pero aquí, en Caritas, hemos estado reunidos las tardes de los viernes un grupo de seres humanos que empezamos siendo extraños para acabar siendo cercanos. Y también divertidos, complicados, castigados por la vida, esperanzados…, rompiéndonos mutuamente (ellos a mí y yo a ellos) los estereotipos tanto culturales como incluso religiosos.

Algunas respuestas a las preguntas que me hago quizá las pueda encontrar en un libro, en un artículo del periódico sobre los problemas de la vivienda, en un análisis sociológico sobre la migración o, incluso, en la oración. Aún así, espero que Dios me permita seguir estando con personas auténticamente humanas, con sus cualidades y con sus sombras, capaces de sacudir mis fundamentos.  

Un trabajo en equipo.

Este pequeño proyecto surge de reflexionar sobre los tiempos que vivimos, intentando buscar y crear dinamismos nuevos. Todo ello, contando con un equipo de voluntariado abierto y con capacidad de flexibilidad para hacer aquellos cambios que sean beneficiosos para las personas participantes del Programa. Sin ellas y ellos no podría hacer casi nada. Y si antes he nombrado a la trabajadora social de la zona y al voluntario que atendió a los dos primeros chicos nada más llegar, también tengo que hacerlo con quienes han tenido en sus clases a los que llegaron después, y a la responsable diocesana del Programa de Conversación, por su apoyo al proyecto Café-tertulia. Sin olvidar a una voluntaria de otro Programa, pero cercana y atenta con este grupo, y a dos grandes amigas que, sin ser voluntarias de Cáritas, se acercaron en lo más desangelado del invierno al lugar donde pasaban las noches S. y O., a darles lo que necesitaban en ese momento. Al párroco de Jesucristo Resucitado, que todos los viernes les recibe y saluda, y al párroco de San Prudencio, que desde la distancia apoya activamente este proyecto y este Programa.

La conclusión.

Finalizando, con esta experiencia, y visto como han reaccionado tantas personas, he llegado a una conclusión: EL AMOR ES CONTAGIOSO.

Así que gracias chicos, gracias Cáritas, por darme la oportunidad de estar aquí. Gracias a todos los que he nombrado y a tantos y tantas que no he nombrado, pero que siempre han tenido sobre estos chicos y sobre todas las personas que participan en todos nuestros Programas una mirada de afecto, de compresión y de simpatía, y han sabido dar un apretón de manos o un abrazo cuando hacía falta.


José Manuel Martínez, voluntario de Cáritas en el programa de conversación estructurada y tertulia.

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