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“Tenemos un destino común que nos llama a la fraternidad, a salir del egocentrismo paralizante”. Flaminia Giovanelli, Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

El pasado día 26 asistimos a la charla que ofreció Flaminia Giovanelli, secretaria del Dicasterio de la curia romana para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, para hablar de su trabajo y analizar las causas, consecuencias y posibles actuaciones ante la situación de las personas refugiadas. Giovanelli acudió al Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao invitada por la Fundación Arizmendiarrieta, Cáritas Euskadi y el Obispado de Bilbao.

Ni nuevo ni localizado

El fenómeno migratorio no es nuevo ni afecta únicamente a determinados países. La globalización ha traído como consecuencia que 250 millones de personas en el mundo hayan salido de sus lugares de origen. Del total, 3 millones corresponden a personas reconocidas como refugiadas. Los movimientos se producen desde todos los continentes y el perfil mayoritario responde a mujeres y a menores no acompañados.

El desplazamiento de mujeres tiene como consecuencia el desbaratamiento de las unidades familiares en sus lugares de origen y también el surgimiento de la que el papa Francisco llama “la esclavitud de hoy en día”: la trata de mujeres y niñas.

Entre dos mundos

Otra de las características de la migración de nuestro tiempo es el gran impacto que ejerce el uso de las nuevas tecnologías; permite que las personas migrantes mantengan el contacto con sus países de origen al tiempo que trabajan su integración en la sociedad de acogida. Esta aparente ventaja hace que las personas se sitúen entre dos mundos sin que ninguno de ellos le provoque un sentimiento de pertenencia completo; las posibilidades de las nuevas tecnologías tienen como consecuencia que las distancias culturales se amplifican.

Huir de la violencia y de la pobreza

Hoy en día son menos las guerras abiertas en el mundo, pero hay más conflictos y más mortales. Solo en África se cuentan 29 conflictos bélicos. Ello redunda en un incremento de personas que necesitan asilo, porque viven el miedo que genera la violencia y quieren salir de su lugar de origen.

La pobreza es, en muchos casos, relativa, y tiene como respuesta la necesidad de buscar mejores condiciones de vida. En otros muchos, la pobreza es severa: 800 millones de personas padecen hambre en nuestros días. Por otra parte, nuestra sociedad asiste a un nuevo tipo de desigualdad: a la tradicional desigualdad de clases hay que sumarle ahora la desigualdad por el lugar donde vives.

Por todo ello, decía Flaminia Giovanelli, no cabe separar las migraciones de origen económico de las de las personas que piden refugio en otro país. “La globalización nos ha hecho más vecinos, pero no más hermanos” (Caritas in veritate).

Fracaso del sistema

Las personas jóvenes que, aunque no tienen estudios, tienen mucho coraje, salen de su país buscando una oportunidad. Se quedan quienes no tienen iniciativa y las personas mayores, a la espera de las remesas que puedan hacer llegar quienes dieron el paso. Este dinero que hacen llegar las personas migradas es clave para el P.I.B. Los gobiernos se benefician tanto de las remesas que eluden sus obligaciones y dejan de invertir en erradicar la pobreza en sus países.

Por otra parte, en la sociedad de acogida, las personas migradas sufren una gran manipulación política. Vienen con ganas de trabajar duro, revitalizan la economía, recuperan los niveles de natalidad… En cambio, son responsabilizadas, a menudo, de generar problemas de convivencia, de terrorismos. Acusan procesos fallidos de integración dificultados por el miedo a lo desconocido y a la pérdida de la identidad cultural y religiosa propia.

“Está en nuestras manos la responsabilidad de informarnos de la situación de las personas que vienen, de su historia, de la nuestra, de los orígenes del mestizaje y de nuestra experiencia migrante. Debemos emplearnos en procurar seguridad y respeto de los derechos humanos de estas personas”.

Tareas

Decía la secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral que como cristianos y cristianas debemos procurar el respeto a la dignidad de cada persona como parte que es de la gran familia humana. “Tenemos un destino común que nos llama a la fraternidad, a salir del egocentrismo paralizante; tenemos que vencer la indiferencia y el miedo al otro; tenemos que trabajar por la solidaridad y la subsidiariedad”.

Como comunidad internacional, “no podemos olvidar que somos hijos de un continente envejecido, en un mundo en cambio que tiene que recuperar su identidad construyendo su futuro. No podemos tolerar un cementerio en el Mediterráneo”.

La hoja de ruta del papa

La exposición de Flaminia Giovanelli terminó haciendo un recorrido por la propuesta del papa Francisco (vídeo) sostenida en cuatro verbos fundamentales: acoger, proteger, promover e integrar.

Al término de la exposición, representantes de la Fundación Arizmendiarrieta, Cáritas Euskadi y el Obispado de Bilbao acompañaron a Giovanelli a una visita a la planta de Koopera en Mungia, donde pudieron mostrarle el trabajo de Cáritas con el reciclaje de la ropa, como vehículo de formación y promoción personal y de trabajo de inserción a través de la cooperativa de Cáritas-Koopera.

En las fotografías que siguen a continuación, pueden observarse algunos momentos de esta visita.


Visita de Flaminia Giovanelli
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