El encuentro de voluntariado de Cáritas Euskadi reúne a 325 personas en Vitoria-Gasteiz para compartir, reflexionar y seguir construyendo comunidad desde la acción.
El pasado 28 de marzo, el Teatro del Colegio Santa María Marianistas de Vitoria-Gasteiz se convirtió en el corazón del voluntariado vasco. Trescientas veinticinco personas llegadas de Gipuzkoa, Bizkaia y Álava se encontraron para celebrar Topaki 2026, el encuentro anual de voluntariado de Cáritas Euskadi, bajo el lema Abriendo realidades. Mirada reflexiva al Informe FOESSA 2025.
La jornada comenzó antes de entrar al teatro, con un desayuno compartido en el exterior del colegio. Mesas, termos, conversaciones que nacen sin prisa. Una forma sencilla y deliberada de decir que el encuentro, el verdadero, empieza mucho antes de que nadie suba a un escenario.

Encender la mirada
Dentro de la sala, Jaime Tapia, presidente de Cáritas Euskadi, dio la bienvenida oficial. Sus palabras situaron el sentido de la jornada: “TOPAKI es un espacio para encontrarnos, reconocernos y seguir aprendiendo juntas y juntos.”
A cada asistente se le entregó una vela. La sala se fue llenando de pequeñas luces encendidas una a una, mientras el voluntariado de la Diócesis de Vitoria leía una oración en voz alta. No era un gesto decorativo: era la imagen exacta de lo que Cáritas lleva haciendo cada día, sostener la luz junta, en comunidad, persona a persona.
La presentación de la jornada corrió a cargo de Jaime y Raquel Busto, coordinadora de Comunidades Acogedoras y Voluntariado, quien introdujo el hilo conductor del encuentro: comprender la realidad es el primer paso para transformarla.
Abriendo realidades hasta la esperanza
La ponencia central estuvo a cargo de Raúl Flores, coordinador del Equipo de Estudios de Cáritas Española y uno de los principales analistas del Informe FOESSA 2025. Durante más de una hora, Raúl desgranó con rigor y cercanía los grandes retos que atraviesan hoy nuestra sociedad: la vivienda, la educación, la migración, la pobreza y la esperanza como práctica colectiva.
Sobre la migración, Raúl fue directo y claro: muchos de los datos que circulan en el debate público están manipulados. Explicó cómo las tasas de delincuencia se comparan de forma sesgada sin neutralizar la variable edad, o cómo se acusa simultáneamente a las personas migrantes de quitar puestos de trabajo y de vivir de las ayudas (dos culpabilizaciones contradictorias que, sin embargo, conviven sin problema en el discurso público). Los datos reales, señaló, cuentan otra historia: la población migrante aporta a la sociedad más de lo que recibe.
En materia de vivienda, subrayó que no se puede resolver el problema construyendo más vivienda libre: dos de cada tres viviendas nuevas las compran personas que ya tienen una. La solución pasa por ampliar el parque de vivienda pública en alquiler —España tiene un 2,5-3%, frente a la media europea del 9%— y por revisar la relación entre arrendadores y arrendatarios con el respaldo de las administraciones.
Sobre la educación, el Informe FOESSA lanza una advertencia importante: el cortafuegos contra la pobreza y la exclusión ya no está en la ESO. Se ha desplazado hacia la universidad y los ciclos formativos superiores. Y aun con estudios, lo que más explica las diferencias salariales a igual nivel formativo no es el mérito individual: es la profesión del padre. No porque haya nada malo en echarle una mano a los hijos e hijas, aclaró Raúl, sino porque negar esa realidad es “hacerse trampa”.
¿Cómo se alimenta la esperanza en este contexto? Para Raúl, la respuesta no está en esperar salvadores ni en soluciones individuales. Está en ponerse junto al otro/a, en la construcción colectiva, en mirar a las personas más vulnerables —un bebé que necesita todo, una persona mayor que necesita casi todo— y reconocer en ellas que llevamos miles de años siendo capaces de sostener la vida.
El turno de las preguntas
Tras el descanso, Isabel López Ruiz de Azua, responsable del Equipo de Intervención de Cáritas Diocesana de Vitoria, moderó la entrevista a Raúl Flores con las preguntas recogidas entre los asistentes. Un formato que permitió profundizar en los temas que más habían resonado durante la mañana: el futuro de Venezuela y la esperanza en contextos de crisis política, la educación como herramienta de movilidad social, la vivienda como derecho y no como activo, y cómo no perder de vista que detrás de cada dato hay una persona.
Alegría que llena la sala
La mañana encontró su punto de color con la actuación del Coro Joyful Solidario de Vitoria-Gasteiz: cuarenta voces y cinco músicos profesionales que llevan la música gospel como compromiso social, apoyando a personas en riesgo de exclusión. Su presencia transformó el teatro en algo más parecido a lo que Cáritas quiere ser: un lugar donde también cabe la alegría.
Gracias por hacerlo posible
Cerramos este Topaki, pero nos llevamos más que un encuentro: rostros, historias, inspiración y fuerza. Lo que comenzó con una vela encendida en comunidad sigue presente en cada persona que, al volver a su día a día, decide seguir mirando la realidad de frente.
Porque a veces todo empieza con algo muy pequeño: una puerta que se abre, una conversación que acoge, una presencia que acompaña.
Desde Cáritas, gracias a todas las personas voluntarias por hacerlo posible cada día. Y a quienes todavía no forman parte, la invitación sigue abierta: este también puede ser vuestro lugar.
Nos vemos en el Topaki 2027.
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